
Pies descalzos en la arena, en medio de partículas insignificantes que forman un todo en su conjunto... varias huellas, ninguna clara, no encuentro el camino, sólo contemplo el mar, escucho el silencio del aire y siento la profundidad del eco de las olas... la brisa húmeda se adhiere como capa protectora de la piel, como ungüento balsámico, formando entre el entorno y el alma un único paisaje, sintiéndome partícipe de cada elemento.
Amanecí enredada en la almohada con la sensación de humedad en mi piel, envuelta en un recuerdo nocturno, confusa, perdida, pero a la vez sintiendo en grado máximo el término libertad, en cada uno de los matices del libre albedrío... aún con la brújula rota en mi mano.
A veces, es difícil percibir claramente el camino a escoger, pues ante nosotros aparecen mil huellas con rumbos diferentes, considero que lo importante es no olvidar nunca, que sea cual sea el destino que escojamos, debemos sentirnos privilegiados por alzar la vista y notar el aire en nuestro rostro cada día, ¿qué más da si mañana no sabemos dónde vamos?... Lo que cuenta es que al menos... hoy estamos... vivos, aunque en ocasiones a la deriva.
Hoy pensé que tal vez no pueda escuchar y sentir el mar... y me aferré a otras alternativas... tomé una caracola y la puse en mi oído...